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Nómade

jueves, abril 20, 2006
Nómades con y sin equipaje, nómades con y sin trabajo, nómades con y sin oficina, nómades siempre con la esperanza de algo más que a veces tarda demasiado, nómades en los sabores, nómades con los ojos.
Nómades en las esperanzas
. nómades en las esperanzas .

Nómades de los vicios y el placer buscando siempre la próxima licorería y los efectos colaterales del siguiente porrito. Nómades de la música corriendo tras el beat que nos envíe al paraíso prometido en la siguiente canción. Nómades en nuestras ideas errantes, en nuestras divagaciones que van de sinapsis en sinapsis. Nómades en nuestras ilusiones impulsadas por el viento, ancladas en el corazón.

Nómades llegando a ningún lado. Nómades vagando por la marea de los días.
Nómades llegando a ningún lado
. nómades llegando a ningún lado .

Nómades en el amor, lógicamente, aunque a veces soñemos lo contrario.
Nómades en la geografía, en las calles, en las carreteras, nómades con y sin mapas.
Nómades en las conversaciones que son desierto o puerto seguro, saltando entre islas, tocándonos a veces.


Nómades aquí. Nómades ahora. Nómades en el mismo lugar o viajando o huyendo o dejando rastros. Nómades siempre. Nómades siempre.
Nómades siempre, nómades siempre.
. nómades siempre, nómades siempre .

Che Julita, nómade en el amor. Chéctor, nómade en la música. Che Roni, nómade en la tranquilidad. Juancho, nómade en la seducción. Stefano, nómade en la risa. Reinaldo, nómade las máscaras. Roxy, nómade en las imágenes. Nico, nómade en la transparencia. Glori, nómade en la pasión. Silvia, nómade en las conversaciones. Giacomo, nómade en México. Jackeline, nómade ante las dificultades, Che Gonzalo, nómade en la obstinación, Che Palito, nómade en la vida. Chafita, nómade conmigo.

Fue para ustedes, chicos, la basura blanca en el roof del Hostel Nómade, para ustedes, las peores compañías que siempre son las mejores, en Buenos Aires, Argentina, en Medellín, en mi memoria, un hasta pronto.

Soundtrack

martes, abril 04, 2006
Preguntas imposibles: A que suena Suramérica?
Walking after you
. walking after you .

La verdad es que sólo alguien como Ry Cooder podría responderlo. Quiero hablar de atmósferas, de llegadas y despedidas, de la sensación de vivir en un eterno soundtrack, de la sensación constante de atravesar canciones. Quiero hablar pero no quiero, porque siempre que hablo del mundo termino hablando de mí.
Interstate Love song
. interstate love song .

Y es que siempre que parto hay algo que suena, incluso cuando me voy en silencio, bajo la mirada hiriente que tiene el sol a medio día. Y es que siempre que llego hay algo que suena, mi mirada estrellándose contra otras miradas (a veces acariciándolas), mis movimientos rompiendo el aire, mis palabras desnudándome, ocultándome y sobre todo creando un redoble de tambores y expectativa en otras personas para que en ellas también suena algo, una carcajada, un corazón acelerándose, quizá una música.
Heart shaped box
. heart shaped box .

Música, cómo te extraño. Cómo extraño el soundtrack siempre nuevo que tenían mis días, sólo canciones relucientes, sólo ruidos y sonidos recién descubiertos. Ahora escucho siempre la misma canción y no me gustan sus notas.
Song 2
. song 2 .

Lo siento: otra vez, Avenida Alcorta, otra vez hablar de mí, otra vez el cansancio. Mejor hablar del mundo, hablar del soundtrack de otros viajes, reirme un poco de nuestros ipods o celebrar cómo la música nos une. En fin. This is the end. Ahora es el momento para responder preguntas imposibles.
The end
. the end .

Fe

sábado, abril 01, 2006
Carreteras desiertas, sólo una pequeña capilla con algunos árboles y trapos rojos haciendo todo lo posible para no ser arrancados por el viento o quizá tratando de escapar, queriendo sentir nuevos perfumes de diesel y nafta en otras carreteras igualmente desiertas. Y en la capilla, imperturbable, el Gauchito Gil, el del pueblo, el inocente, el santo, el vengativo. Y junto a él, cigarrillos, una baraja de naipes, flores rojas, velas y un cuchillo. Tomo el cuchillo y rezo.
.

Gauchito Gil, Antonio Mamerto Gil Núñez, la leyenda siempre especula, exagera, distorsiona, dice la verdad.

Que nació en Mercedes, Provincia de Corrientes. Que un coronel celoso fue su asesino y también su primer devoto, agradecido por una milagrosa curación de su hijo. Que en la Guerra Civil argentina entre Colorados y Celestes, el Gauchito se negó a matar compatriotas aunque fueran del otro bando. Que fue declarado traidor y que se convirtió en fugitivo. Que en su huída robaba ricos por supervivencia y que todo lo repartía entre los pobres. Que al ser capturado por ese coronel, también había celos, mujeres y envidia. Que antes de morir le dijo: "Tu hijo tendrá una enfermedad extraña, pero yo lo curaré si crees en mí". Que el asesino presenció el primer milagro en su hijo y que fue también el primero en hacer una capilla de esas que veo por ahí con trapos rojos.

Trapos al viento que son perdón y memoria al colorado que fue justo y fugitivo, que son homenaje de camioneros y viajantes y vagabundos por la pampa. Capillas con velas rojas a veces encendidas, quizá queriendo quemar los trapos pero sin logrando, queriéndolos volver ángeles de tela, velas que se me acercan y me dicen "somos la sangre derramada". Y veo naipes y cigarrillos y veo que son promesas cumplidas, victorias, renuncias, peticiones, frases del tipo "mi vida ha cambiado" o simplemente son agradecimientos: tan simple como "ahí te dejo para que fumés y jugués cartas, como te gustaba cuando estabas vivo, para que te la pasés bien", porque en la cultura Guaraní al muerto se le dejan las cosas que le gustaban en vida.
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Y veo cartas que quizá no dicen todo o que piden demasiado o que lograron lo que querían y sigue ahí, ancladas, satisfechas en su refugio, haciéndose compañía junto a las fotos borrosas, quizá en medio del silencio o charlando del futuro y las incertidumbres, esa niña de trenzas eternizada en polaroid simplemente escuchando a ese papel amarillo que lamenta el que su esposa no mejore y el que los médicos no acierten y que por eso está aquí, cartas y fotos oxidándose, temiendo o esperando las velas o el viento o el cuchillo que duerme.
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O que dormía hasta que yo me acerco, rezo y lo tomo. En la cultura del Gauchito podés llevarte lo que querás de la capilla, siempre y cuando dejés algo a cambio. Y yo que creo conocer la mecánica, dejo una oración, una promesa y un temor gigante: miedo al gauchito vengativo, al que castiga si no cumples. Y simplemente avanzo. Dejo atrás la capilla llevando mi fe entre las manos. Viendo como ante mí se abren el cielo y las carreteras desiertas, pefume de diesel y nafta.